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“Muero feliz, porque el Mariachi llegó del pueblo al mundo entero”

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“Muero feliz, porque el Mariachi llegó del pueblo al mundo entero”

El mensaje de Silvestre Vargas

 

Desde una modesta cama de hospital, aquejado por una de sus múltiples recaídas  a causa de las enfermedades que lo mantenía postrado  en los últimos años de su vida (1901-1985). El célebre músico jalisciense Silvestre Vargas, nos brindó  en abril de 1980 una  amable entrevista que por momentos lo motivo a recordar, sonreír y suspirar por sus ayeres…y por su Mariachi. Ahora que el pasado 27 de noviembre la UNESCO le ha reconocido y conferido a este tradicional grupo musical el carácter de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, OrgullosamenteMéxico.mx, se permite reproducir la charla con el maestro líder del “Mejor mariachi del mundo”.

Reportaje Carlos Henze

“Quiero que sepan que muero feliz, al recordar que antes, cuando empecé, el mariachi era sólo para alegrar a la gente pobre, para los borrachos –así decían--; ahora, es aceptado por todas las clases sociales y se le admira en todo el mundo”.

Así se expresa Silvestre Vargas, postrado, muy enfermo, muy acabado, en la cama 118 del anexo del Hospital General del Centro Médico Nacional.

El creador del Mariachi Vargas de Tecalitlán, heredado de su padre, Gaspar Vargas, comparte una sala con otros tres pacientes, sin nada que hable de su labor y de su fama. Viste el camisón clásico y el batón café, arrugado, del nosocomio. En su mesilla, un pequeño televisor, en que algunos programas musicales lo entretienen cuando los dolores y las molestias de su grave padecimiento se lo permiten.

Estudios y más estudios. A veces, lo trasladan en silla de ruedas hasta radioscopia, otras se apoya en un elegante bastón de caoba torneado, muy al estilo de los que antiguamente se hacían en Tuxpan, Jalisco, su tierra natal.

El rostro lánguido, pálido, las clavículas dibujadísimas. De su vigor físico aún le queda la potente voz y las manos endurecidas por las cuervas del violín.

Setenta y nueve años de edad, 59 dedicados a la música, al iniciarse, guiado por su padre, en un incipiente mariachi constituido por dos violines, un arpa y una “guitarra de golpe”. A partir de 1928, el conjunto se enriquecería con las trompetas, rememora.

“En 1932, mi padre me dejó al frente del grupo, al que incorporé características de las regiones donde, desde 1840, cuando don Plácido Rebolledo formó un conjunto de ese tipo, se utilizaban: los violines, de Tecalitlán; arpa y la guitarra, de Cocula, así como el guitarrón y la vihuela. Posteriormente quedó ya integrado por cuatro violines, arpa, guitarrón, guitarra de golpe y una sexta.

Don Silvestre afirma que el origen de la palabra mariachi se desconoce, que no es, como muchos afirman, un galicismo que se originó durante la Intervención Francesa.  Se dice que los galos llamaron así a los conjuntos mexicanos, porque tocaban en las bodas y lo ligaron con el sinónimo en francés, “mariage”.

Pero si el primero se fundó en 1840 y ya se le llamaba así, tal versión cae por su propio peso.

Fue cuando la toma de posesión del general Lázaro Cárdenas como Presidente de la República el pretexto para que el grupo, silvestre, como el nombre de su director, llegara a la capital. “Primero tocó otro mariachi y cuando nos tocó el turno, nos arrancamos con el <>, con un ritmo y una alegría, que gustamos tanto y fuimos contratados en exclusiva como grupo de la Jefatura de Policía, al que pertenecimos 20 años, tres meses y quince días. Las horas se me olvidaron”, afirma sonriente.

El pasado ha quedado atrás; lo mismo la memoria. En 1937 grabó su primer disco. Ahora no recuerda cuántos ha grabado. Incontables películas, giras alrededor del mundo: África, Oriente, Estados Unidos, América Latina, Europa.

Acompañamiento indispensable de los inolvidables Lucha Reyes, Jorge Negrete, Pedro Infante, Pepe y Tito Guízar, Javier Solís, Lola Beltrán, “La Prieta Linda”. Todos, todos los que han forjado la historia del folclor nacional.

Desde Cárdenas, fué, con su mariachi, figura imprescindible en las recepciones de los mandatarios. Ante reyes y celebridades como Churchill y Nixon; desde el humilde obrero o campesino, hasta los más encumbrados personajes, han disfrutado del histórico Mariachi Vargas de Tecalitlán, uno de nuestros más grandes embajadores artísticos.

Al preguntársele su opinión sobre las nuevas canciones rancheras, Silvestre Vargas suspira y dice:

                “Antes de le cantaba a la mujer, se le respetaba y admiraba; ahora se le desprecia o se le ofende; no salen del <>, <>. Antaño se les decía lo mucho que se les quería, lo lindas que son nuestras mujeres mexicanas”.

Su opinión acerca del mariachi actual es en el sentido de que siguen tocando bien, han evolucionado mucho y se han modernizado, debido a la labor de los arreglistas.

Orgulloso, afirma: “Tenemos en nuestro país un conjunto único, original, con capacidad para interpretar y acompañar a una gran variedad de estilos, gracias a su vitalidad y constante evolución”.

Fue este grupo, el decano del mariachi, el que puso el ejemplo para la creación de muchos más por su disciplina, calidad y vestuario, ya que fue el primero que se uniformó dando fisonomía folclórica al país. Para lograrlo, Silvestre Vargas empleó sus ahorros.

Sus últimos sueños:

“Espero que en un tiempo cercano, el mariachi cobre la debida importancia, la medida real que merece. Que se le dé valor artístico y nacional que tiene, el crédito que les corresponde en todos los medios de comunicación.

“Espero que los mariachis se den a valer y a respetar. Al menos, yo no creo haberlo logrado”, concluyó.

Hoy, justo a 100 años de que el maestro  Silvestre Vargas, pulsara con sus pequeñas manos el violín, la historia  le concede su noble deseo.

 

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