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La flor de Nochebuena

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La flor de Nochebuena

In cuetlaxochitl

En primer término se encuentra la flor de Nochebuena, cuyo nombre indígena es Cuetlaxochitl, del náhuatl cuetlahui, que significa marchitarse y xochitl, flor; “flor que se marchita”. Esta flor es la más conocida de las especies mexicanas y debiera ser el símbolo de la floricultura mexicana, ya que su belleza es altamente estimada en todo el mundo.

La planta que la produce es un arbusto que segrega un jugo lechoso de la familia de las euforbiáceas que alcanza hasta seis metros de altura, con hojas grandes sinuadas y con flores cupuliformes, agrupadas en inflorescencias que están protegidas por grandes y vistosas brácteas de color rojo intenso y en ciertas variedades seleccionadas, de color amarillo o blanco.

Esta planta florece especialmente en los meses de noviembre y diciembre, y en algunas partes hasta el mes de enero; aunque la plenitud ocurre alrededor de la Nochebuena o sea, el 24 de diciembre, de lo cual deriva su nombre. Existe en estado silvestre en los estados de Guerrero, Chiapas y Oaxaca, de donde es originaria, y semisilvestre en las cercanías de los poblados donde se cultiva.

Según datos proporcionados por el médico español Francisco Hernández, en el siglo XVI, indican que esta planta se utilizaba para aumentar la leche de las nodrizas. Además su uso como galactógeno se ha conservado hasta nuestros tiempos. Las brácteas proporcionan también una tintura de color rojo escarlata; el jugo lechoso de la planta se usa como depilatorio.

Con ella también se preparan cataplasmas y fomentos que se usan en la medicina popular contra la erisipela y varias enfermedades de la piel. En la actualidad se le cultiva abundantemente en diversos países del mundo como flor ornamental.

En tan conocida esta flor en otros países que desde el siglo pasado formó parte del ornato de los templos europeos en las fiestas decembrinas, pues se sabe que la Basílica de San Pedro en el Vaticano, la noche del 24 de diciembre de 1899 fue adornada con cuetlaxochitl, flor de Nochebuena o flor de navidad, que México aportó al mundo.

La hermosa flor –comenta la investigadora Imelda de León—que adornó durante las pasadas fiestas navideñas la mayoría de los hogares mexicanos y las principales avenidas de la ciudad, fue cultivada con devoción por los aztecas. Los sacerdotes la contemplaban antes de iniciar alguna ceremonia. Por otra parte, la cuetlaxochitl era el símbolo de la “nueva vida” alcanzada por los guerreros muertos en batalla. Decían que estos combatientes regresaban a la tierra a libar la miel de esta flor. Además se utilizaban los pétalos macerados y mezclados con oxtle y otra substancia para teñir cuero y algunos textiles. Esta flor es también conocida con los nombres de flor de fuego, flor de Santa Catarina, flor de Pascua, Catalina y Bandera.

Tiene otro nombre de tipo internacional que es “poinsettia”, en memoria de Joel R. Poinsett, embajador de Estados Unidos en México en la primera mitad del siglo XIX, quien envió semillas de esta flor a Charleston, en el año de 1828 y que posteriormente se propagaron a Europa.

En realidad, muchas fueron las especies de flores que se cultivaron en la época Prehispánica, de las cuales solamente se han mencionado algunas de las más notables que han llegado a ocupar la atención de todo el mundo por su belleza y su aroma; sin embargo las crónicas antiguas, tanto indígenas como de los primeros misioneros del siglo XVI, nos hablan de múltiples variedades de flores silvestres y de cultivo que las manos morenas de nuestros antepasados trataban con cierta devoción y gran cuidado, por ser éstas símbolos de belleza de su místico mundo.

Muestra del cariño hacia las flores, es el siguiente fragmento poético dl señor de Texcoco, Nezahualcóyotl:

                No acabarán mis flores…
                no acabarán mis flores,
                no cesarán mis cantos,
                Yo cantor las elevo
                se reparten se esparcen.
                Aun cuando las flores,
                se marchitan y amarillecen,
                serán llevadas allá,
                al interior de la casa
                del ave de plumas de oro.

Libro: CRUCES Carvajal, Ramón. Lo que México aportó al mundo, Ed. Panorama, México, 1987.

 

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